Parte 1
El guardia lo reconoce en seguida y lo deja pasar. En cuanto a Dorota, un giro afortunado del destino hace que ella no lo vea entrar al penthouse y así Eric logra subir las escaleras sin que nadie se dé cuenta de su presencia allí. Al alcanzar el cuarto de Blair se detiene un momento, pero al ver la puerta entreabierta su confianza regresa a él. Blair podrá ser muchas cosas pero no una exhibicionista (salvo alguna vez, quizás, en Victrola), así que sea lo que sea que esté haciendo con Carter allí dentro, al menos los dos estarán vestidos.
Entra sin llamar y se detiene en seco, sorprendido. Carter y Blair se encuentran en extremos opuestos de la habitación, él mirando la tele, ella sentada frente a la computadora. No se miran ni se dirigen la palabra en ningún momento, como si ni se percatasen que el otro se encuentra allí.
- Eh... ¿Blair?
Los dos se dan vuelta a mirarlo, Blair abriendo los ojos, sorprendida, Carter con expresión indiferente.
- ¡Eric! Qué... sorpresa. ¿Cómo estás?
- Eh... bien, ¿y tú?
- Perfectamente.
Un silencio decididamente incómodo se instala entre ellos. Blair gira la silla de modo que queda de espaldas a la computadora y concentra su atención en Eric, cruzando las manos sobre el regazo. Hay una mirada expectante en sus ojos y él se da cuenta con un sobresalto que ella seguramente debe estar esperando que él explique qué hace allí.
- Esteee... ¿Podríamos hablar un momento?
- Seguro – responde Blair, claramente intrigada. Mira por primera vez a Carter y su voz sufre una sobredosis de sacarina al decir – Cariño, ¿te importaría...?
- Por supuesto que no – responde Carter automáticamente – Tengo que ver a mi padre de todos modos, así que...
- Oh, sí, ve, no lo hagas esperar. ¿Nos vemos mañana?
- Claro, claro – dice él mientras recoge sus cosas – Después te llamo.
Eric anota mentalmente que Carter no le da un beso de despedida a Blair cuando se marcha y que ella no parece darse cuenta del detalle. No sabe cómo lo interpretará Chuck, pero seguro que le va a encantar escucharlo. Vuelve a la realidad cuando ve que Blair empieza a impacientarse y, presa del pánico, Eric suelta lo primero que le viene a la cabeza.
- Estoy preocupado por Serena.
Esto captura definitivamente la atención de Blair, y él siente un inconveniente retortijón de culpa cuando ve la preocupación en su rostro.
- ¿Qué pasó? ¿Ha vuelto a meterse en problemas?
- No... no estoy seguro – admite Eric, sentándose en el borde de la cama – Es sólo que hace un par de semanas hubo unos días en los que anduvo actuando muy raro, ¿recuerdas? Hasta se perdió el examen de los SAT y se la había pasado estudiando semanas enteras...
Blair parece pensativa.
- Sí, eso fue bastante extraño. Es decir, si se hubiera tratado de la Serena a.C – Eric reconoce el término “a.C” como “antes de Connecticut”, adonde su hermana huyó el año pasado para encerrarse en un internado – no me hubiera llamado tanto la atención. Hubiera pensado que había salido a tomar algo la noche anterior y que la resaca no la había dejado levantarse, pero...
- Serena ya no hace esas cosas – completa Eric y ella asiente con la cabeza.
- ¿No habrá tenido una pelea con Cabbage Patch...? No, él tampoco sabía nada – Blair se muerde el labio y se acomoda el moño en la cabeza que ya estaba perfectamente colocado antes de que lo tocara – La verdad, no tengo idea. Pero ahora ha vuelto a la normalidad, ¿no?
- Bueno... sí – admite Eric a regañadientes. Blair le dedica una sonrisa.
- Entonces, sea lo que sea ya ha pasado – Se inclina hacia delante para apoyar una mano en su rodilla y le habla en un tono casi maternal – Te prometo que voy a estar atenta, pero no creo que tengas nada por lo que preocuparte, ¿de acuerdo?
- Gracias, Blair – le responde, sintiéndose fatal. Blair vuelve a enderezarse en su asiento y al cabo de un rato, frunce el ceño.
- ¿Eso era todo, Eric? ¿O querías preguntarme algo más?
Demasiado tarde, él se da cuenta que se ha quedado estático en el lugar, dejando pasar una perfecta oportunidad para la retirada. Los ojos castaños de la chica se clavan en los suyos cual sondas que intentasen atravesarle el cráneo para ver qué hay debajo. Eric hace un esfuerzo para no tragar saliva y escupe lo primero que llega a sus labios:
- Es... Jenny.
Sabe que es un craso error incluso antes que Blair se envare y su expresión adquiera el hermetismo de una bóveda de seguridad. La guerra por los escalones del Met y el trono de Constance Billards se ha vuelto cruenta y – porqué no – bizarra desde que el blog de Gossip Girl se volvió el nuevo campo de batalla. Serena ya le advirtió que no vale de nada intentar razonar con Blair, quien culpa – quizás no sin una pizca de razón – a Jenny de su caída en desgracia. Eric lo sabe, sabe también que no vale de nada meterse donde no lo llaman, que por algo evita las confrontaciones a toda costa... y sin embargo, tal vez porque no se ha apartado de sus pensamientos durante toda la semana, quizás porque su culpa le hace sentir que le debe algo, Eric alza la barbilla y dice:
- Creo que estás cometiendo un error con ella, Blair. Jenny no es... Jenny no nació para manejarse en el Upper East Side.
Blair alza las cejas y sus labios se curvan en una sonrisa levemente escalofriante, pero Eric lleva el tiempo suficiente viviendo bajo el mismo techo con Chuck Bass como para amedrentarse.
- Eso no lo duda nadie, Eric. Por eso quiero mandarla de vuelta a donde pertenece: al último escalón de la cadena alimenticia junto a las rebajas de Wal-Mart.
- No es eso lo que quise decir, Blair – replica él, poniéndose de pie y empezando a caminar por la habitación, quizás nervioso, quizás irritado o simplemente harto. – Quiero decir, ella no es como las demás chicas de Constance Billards o los chicos de St. Jude’s o nuestros padres. Ella no se crió como ellos, aprendiendo a mentir antes que a hablar, a conspirar en el jardín de infantes y clavarle el cuchillo por la espalda a su compañerito de banco en la primaria.
Se pasa una mano por el pelo, revolviéndoselo más que de costumbre y se tira de los puños de la camisa en un gesto inconsciente adquirido en sus días en el Centro Ostroff para ocultar unas vendas que ya no están allí.
- Ella es diferente, Blair. Puede que Jenny haya empezado esto, puede que no, no sé, pero sí sé que no tiene idea de en qué se está metiendo. Ella no está hecha para esto, ella... No es como tú o como yo.
Eric, harto de dar vueltas como un trompo, se deja caer nuevamente en el borde de la cama, falto de aire y con un remolino en la cabeza después de tanta sinceridad inesperada, después de admitir en voz alta que por más que le disguste, él está cortado por la misma tijera que Blair y todos los demás. No la mira de inmediato ni falta que le hace: la chica irradia gelidez en ondas expansivas.
Cuando finalmente se digna a hablar, la voz de Blair fácilmente podría cortar el acero y pulverizarlo.
- ¿De veras crees eso, Eric? ¿De veras crees que Jenny no es tan capaz de engañar y traicionar como el resto de nosotros? Dejame decirte algo, y que conste que me tomo el esfuerzo sólo porque me preocupo por ti.
Al escuchar esto Eric levanta la vista, incrédulo, pero Blair está completamente seria, los hombros rígidos, los labios apretados, su rostro sombrío.
- Jenny es capaz de lo que sea para subir aunque sea un escalón más, Eric. No le importará tener que mentir o pisar a quien tenga que pisar para conseguirlo. Conozco bien a las de su tipo, y no hay nada que no estén dispuestas a hacer para ganar, no dejes que te engañe con su cara de nenita inocente.
- Y sin embargo – replica Eric, su voz frigorífica – no me imagino a Jenny teniendo un noviazgo de fantasía para ganar unos puntos de popularidad en la escuela.
Son palabras dichas al tuntún, un tiro a ciegas sin más guía que las sospechas paranoicas producidas por los celos de Chuck... que pese a todo da en el blanco porque Blair da un respingo. Una milésima de segundo después, ella recupera el aplomo, pero los dos saben que ya es demasiado tarde. Se quedan mirándose fijamente un momento, hasta que la comprensión relampaguea en los ojos castaños de la chica.
- Te mandó Chuck, ¿verdad?
Podría mentir. Podría inventar otra excusa, podría limitarse a negarlo o a darse media vuelta y dejarla sin la satisfacción de una respuesta. Pero Eric está harto, harto de la red enmarañada en que se ha convertido su vida en que cada hilo es una mentira diferente que se retuerce y se enreda con todas las demás.
- ¿Para qué me preguntas lo que sabes de sobra? ¿Acaso no es él el destinatario de todo este espectáculo que te has montado?
Por primera vez Blair no le sostiene la mirada, sino que gira su silla levemente y fija sus ojos en la pantalla de la computadora.
- Chuck Bass no es mi preocupación principal ni mucho menos – Empieza a teclear algo cuando Eric suelta un resoplido. Sus dedos se detienen sobre el teclado y concede a mirarlo por sobre el hombro, incrédula como siempre que alguien osa cuestionarla - ¿No me crees?
Eric se encoge de hombros y se pone de pie.
- Se me hace muy difícil si te soy sincero pero, ¿sabés qué? Da igual. Pueden seguirse destrozando uno al otro tanto como les plazca. Hasta luego, Blair. Nos vemos.
Está llegando el ascensor cuando Blair se asoma por las escaleras, una expresión inescrutable en su rostro.
- No fui yo quién empezó con esto, Eric.
Nunca aclara si habla de Jenny o de Chuck pero tampoco importa realmente.
- Lo sé, Blair pero, ¿no crees que sería mejor terminarlo antes que...?
No completa la frase, porque en la mirada dura de Blair ya puede leer la respuesta. Cansado, le hace un gesto de despedida antes de meterse en el ascensor, y por un instante fugaz antes de que se cierren las puertas, Eric podría jurar que la máscara de frialdad de la chica se resquebraja... o tal vez sea simplemente su imaginación.
-
Aparentemente, Chuck está demasiado entusiasmado con la perspectiva de acompañar a Bart en su despedida de soltero como para prestar mucha atención a la versión resumida que le cuenta Eric de su conversación con Blair. Va de acá para allá dándoles órdenes a su valet para que coloque sus trajes de diseñador en la valija de tal o cual manera, buscando sus anteojos de sol o lamentándose de que Lily no le haya dado permiso a Eric para acompañarlos. El propio Eric no lo lamenta tanto. Extrañará un poco a Chuck, claro, pero no tanto a Bart y de todos modos, sospecha que la diversión que su futuro hermanastro espera encontrar en Mónaco simplemente no es de su estilo.
Sólo cuando el valet ha salido de la habitación para buscar un último traje de la tintorería, Chuck se pone a acomodar con aire distraído su pasaporte y sus documentos y pregunta como si tal cosa:
- Así que ella no negó que fuera todo una farsa, ¿verdad? ¿Y dices que ni siquiera se estaban besando cuando entraste a su habitación?
Eric suspira y vuelve a confirmárselo. Chuck suelta una risita maliciosa, aún sin levantar la vista.
- Siempre supe que Carter era un imbécil. Si yo estuviera a solas con Blair Waldorf en su habitación, puedes estar seguro que no estaríamos viendo la tele...
Al darse cuenta del giro peligroso que está tomando la conversación, Chuck calla de golpe. Arriesga una mirada de reojo hacia Eric, que mantiene su expresión neutra, y con cierto alivio evidente empieza a hablar sobre todas las mujeres con las que piensa acostarse en Mónaco. Eric asiente en los momentos apropiados, sabiendo perfectamente que aún a kilómetros de distancia Chuck encontrará el tiempo para chequear el blog de Gossip Girl obsesivamente, buscando el más leve indicio de Blair, y que ninguna de aquellas mujeres de las que tanto se jacta tendrá rizos castaños ni labios rojos.
-
Chuck se marcha aunque su presencia sigue haciéndose sentir en los llamados diarios que reciben Serena y Eric. Ya se echan a reír cuando ven que han recibido otra llamada suya, y sus risas intentan ocultar todas las cosas que ninguno de los dos quiere admitir en voz alta. Los hermanos Van der Woodsen saben que la fantasía de una familia salida de un cuadro de Norman Rockwell que ha construido Chuck en su cabeza – asumiendo que el bueno de Norman pintase familias que viviesen en penthouses y apreciaran el bótox y el whiskey importado – está destinada a fracasar porque ya han transitado este camino antes y saben cómo acaba la historia una vez que se firman los papeles de divorcio. Quizás porque una vez que ven a Chuck entusiasmado por algo que no es ni inmoral ni retorcido no se sienten capaces de acribillar su sueño infantil de cenas familiares al estilo Ingalls, quizás porque ellos mismos necesitan creer que esta vez están construyendo una relación sobre una base más sólida que los vaivenes sentimentales de su madre. En cualquier caso, hasta Serena le da el gusto a Chuck cuando éste decide actuar como el hermano mayor (aunque ella le lleve dos meses) y Eric se da cuenta que la preocupación de Chuck por ella tiene relación con el comportamiento extraño de su hermana semanas atrás. Debería extrañarle el alivio que le produce saber que, sea lo que sea que le haya sucedido a Serena, su hermanastro está al tanto y está dispuesto a echarle una mano, pero Eric ha aprendido que, pese a sus defectos, hay cosas para las que uno puede confiar en Chuck Bass tácitamente.
No sólo a causa de Serena encuentra tiempo Chuck para preocuparse cuando se supone que debería estarse divirtiendo en Mónaco. Extrañamente – o tal vez no, porque ya debe de haberse dado cuenta que no puede engañarlo tan fácilmente como a otros – Chuck no le pregunta por Blair sino por él mismo, y hay una genuina nota de preocupación en su voz.
- ¿Estás seguro de que estás bien? Porque suenas bastante raro, y ya en los últimos días que estuve en Nueva York no parecías estar del todo bien.
Eric se sorprende que en medio de su paranoia obsesiva respecto a Blair y Baizen Chuck haya tenido tiempo de notar que el mundo a su alrededor seguía girando, pero quizás debería empezar a darle un poco más de crédito. Por más centrado en sí mismo que pueda estar, Chuck siempre ha sido más agudo que Serena y a lo mejor Eric tendría que tenerlo en cuenta la próxima vez que intente ocultarle algo.
- No... no pensé que te hubieras dado cuenta. No me dijiste nada.
Eric juraría que casi puede ver a Chuck encogerse de hombros al otro lado de la línea telefónica y a un océano de distancia.
- Pensé que si querrías hablar de ello, lo harías.
Y he ahí porqué la relación entre Eric y Chuck es tan increíblemente sencilla cuando viven en un mundo tan jodidamente complicado.
- ¿Tiene algo que ver con el chico de Ostroff? Porque, bueno, no puedo aconsejarte mucho en esa área pero...
Eric puede sentirse cómo sus mejillas empiezan a incinerarse y agradece que Chuck no pueda verlo, aunque para ser sinceros su hermanastro suena tan incómodo como él se siente.
- Mira, si necesitas vengarte del imbécil ése, seguro que se me ocurre algo, aunque preferiría que esperases a que yo vuelva para ponerlo en práctica. No te ofendas, pero los planes conspirativos no son tu especialidad.
- No me ofendo, no te preocupes – responde Eric con una sonrisa que se esfuma al instante cuando a la entrada del colegio se detiene una limusina harto familiar y de ella desciende Jenny Humphrey, luciendo más radiante que nunca – Y no tienes que empezar con los planes conspirativos aún, creo... creo que esto puedo resolverlo yo.
- ¿Seguro? – pregunta Chuck y no le es difícil imaginárselo con un whiskey en la mano, una chica en su regazo y la ceja derecha enarcándose.
- Seguro – afirma Eric entre dientes mientras contempla, al igual que toda la escuela, cómo se besan Jenny y Asher parados en los escalones de entrada, casi tan cinematográficamente como lo están haciendo Blair y Carter contra una columna a pocos metros de ellos.
Se despide de Chuck y cierra el teléfono con mucha más fuerza de la necesaria, la bilis ardiéndole en la garganta cuando Jenny se despide de Asher con un último beso y corre a reunirse con sus amigas que la rodean como a una abeja reina. Asher no se mete de inmediato en su limusina, un craso error porque al levantar la vista su mirada se encuentra con la de Eric. Sus ojos se abren apenas por la sorpresa, y el muy caradura se da el lujo de saludarlo con la mano.
Eric se considera una persona tolerante. Probablemente no tan tolerante como su madre y Serena parecen creer cuando dicen que él es incapaz de enojarse o guardar rencor, pero aún así tolerante, poco dado a estallidos de furia o arranques de ira. Cuando gira sobre sus talones y se dirige a grandes zancadas hacia Jenny, sin embargo, es un milagro que no le estalle una vena para teñir las baldosas del carmesí que inunda sus pensamientos.
Ni siquiera se pregunta qué le va a decir a Jenny, cómo se las va a ingeniar para decirle la verdad sin lastimarla. Está harto, harto de espejos y pantallas, de mentiras piadosas que cortan más que las navajas y harto de pátinas de perfección y belleza que no logran ocultar la podredumbre debajo. Lo último que quiere es herir a Jenny, pero tiene que arrancarle la venda de los ojos de un tirón antes de que sea demasiado tarde, antes de que descubra en carne propia sobre qué bases engañosas se construyen las relaciones en el Upper East Side.
Eric no quiere darle la razón a Blair Waldorf, pero cuando Jenny suelta una risa tonta y una teoría ridícula, para después darle la espalda y arrojarle un “llámame luego, ¿vale?”, se ve forzado a considerar que aunque no haya nacido para mentir y simular, Jenny Humphrey ya ha aprendido a engañarse a sí misma con la misma habilidad que cualquier habitante del UES.
Demasiado turbado para quedarse allí parado soportando las miradas y risitas tontas del nuevo séquito de Jenny, Eric se da media vuelta y baja los escalones de entrada a la carrera. Recibe unas cuantas miradas curiosas y si levantase la vista vería cómo Blair aparta a Baizen de sí para lanzarle una mirada preocupada, vería a Dan Humphrey cruzar el patio y seguirlo pocos metros después. No levanta la vista y no ve a ninguno de ellos.
No sabe lo que va a hacer a continuación ni le importa, nunca se ha salteado clases sin un buen motivo en su vida pero no puede permanecer ni un segundo más allí.
No llega a doblar la esquina cuando siente que lo toman del brazo y antes de poder reaccionar tiene su espalda contra la fría pared, unos ojos azules harto familiares mirándolo fijamente y su aliento cálido en su rostro, a escasos centímetros del suyo.
- No has respondido a ninguno de mis mensajes.
¿Y qué esperabas, imbécil? Como si no fuera lo suficientemente malo que se haya montado la linda obra de teatro sobre una feliz pareja normal, no tuvo mejor idea que elegir a la mejor amiga de Eric como co-estrella. Hablando de añadir insulto sobre injuria... Eric no se lo dice, porque no quiere admitir que por debajo de la furia hay dolor en carne viva y porqué no, celos también, porque él nunca se jactó de ser mejor que Chuck y un romance fingido no necesariamente duele menos.
- ¿No te preocupa que alguien nos vea? Es un lugar público y si mal no recuerdo tienes una novia.
Quizás debería concederle unos puntos extra porque Asher ni siquiera amaga a mirar por encima del hombro a los transeúntes que circulan por la calle, pero Eric no está dispuesto a concederle absolutamente nada. Intenta apartarse, pero Asher no está dispuesto a soltar su presa y cuando se inclina para besarlo quizás Eric se vea forzado a admitir que no se trata meramente de fuerza física porque su voluntad parece haberse ido por el desagüe.
En un mundo donde nada ni nadie es lo que parece ser a simple vista, donde se hacen denodados esfuerzos por pintar una ficción bella que cubra la putrefacción, es difícil distinguir la realidad del engaño. Eric tiene un inesperado momento de claridad en el cual se da cuenta que cada mentira no sólo es un hilo de una red que se vuelve cada vez más enmarañada, sino que las mentiras también son cadenas que atan y rasgan a cada una de las personas que conoce – su madre, Serena, Asher, Chuck, Blair, Carter y hasta la propia Jenny .
Y también descubre que, por más que lo deteste, por más que le horrorice y le repugne, él mismo está tan enmarañado y encadenado por sus propias mentiras como cualquiera de ellos.
Holas! Pues me ha gustado bastante como mezclas las parejas de Chuck/Blair, la conversión de Jenny en una Upper East sidder y la homosexualidad de Eric a la vez. ¿Por qué es Carter Baizan la pareja de Blair en lugar de Lord Marcus? ¿Le cogiste manía al inglés o algo? XD
Sienta bien leer en Español de vez en cuando.