Home
Estrafalario
De cerca, nadie es normal
Gossip Girl Fic: Vicio #12 - Mentir (Eric, Chuck, Blair, otros) 1/2 

Advertisement

Customize
1st-Mar-2009 03:05 am
P&P
Disclaimer: Gossip Girl no me pertenece
Fandom: Gossip Girl
Personajes/parejas: Eric, Chuck/Blair, otros
Vicio: #12 - Mentir
Spoilers: 1x16
Summary: Las mentiras son la lengua materna del Upper East Side. Él lo sabe muy bien.

  

Vicio # 12 – Mentir

En un mundo donde los espejos devuelven un reflejo engañoso y el barniz dorado de una vida glamorosa intenta esconder lo oscuro y retorcido, es difícil distinguir entre la verdad y la mentira. Nadie está obligado a cargar con el rostro o los rasgos físicos que le tocaron en suerte, no cuando puedes pagar a los mejores cirujanos y a un ejército de estilistas para que te rodeen las 24 horas del día, cuidando que ni un solo cabello se salga de su lugar, que el maquillaje no se corra y revele una imperfección que descubra tu humanidad. Y si lo peor llegara a suceder, el Photoshop puede cubrir con una pátina brillante cualquier pesadilla y convertirlo en un producto a vender.

Los límites entre realidad y ficción se difuminan cuando cualquier historia puede rescribirse con sólo conocer los contactos adecuados, cuando se puede teñir de brillo y glamour los eventos más anodinos, cuando los secretos más oscuros se esconden bajo alfombras persas y tapices de hilos de oro. Conceptos supuestamente absolutos como “amistad” y “amor” pierden su sentido cuando los niños aprenden a valorar a sus compañeros de colegio por la cuenta bancaria de sus padres y primero se firman los acuerdos prenupciales antes de que se elija el anillo de compromiso.

La mentira es el lenguaje natural en su mundo y eso es algo que Eric Van der Woodsen sabe muy bien.

A corta edad aprendió que el engaño y la simulación no se encontraban sólo sobre las tablas de un escenario sino en el mismo living de su casa. Eric y Serena aprenden de pequeños que es mejor pretender que su padre jamás existió a hacer preguntas sobre su paradero. Mientras los cheques sigan llegando con la puntualidad de un reloj suizo, es inútil intentar preguntarse porqué nunca han recibido una sola llamada por teléfono suya desde que abandonó su casa antes de que Eric siquiera pudiera formarse un recuerdo nítido de él. También aprenden a sonreír plásticamente cuando su madre empieza a hacer planes para una nueva boda, haciendo de cuenta que realmente creen que esta vez será la vencida. Como si no supieran de sobra que una vez que la luna de miel se acabe y las valijas de quien debería haberse convertido en un padre sustituto se encuentren en la puerta, sólo les quedarán un nombre y algunas fotos que irán a parar a la basura.

En una casa donde su madre sigue jugando a que tiene la familia modelo cuando termina firmando sus divorcios antes que el vestido de novia tenga tiempo de juntar polvo en el placard, donde las “indiscreciones” de Serena se cubren con crema para tapar las ojeras y reuniones secretas con la directora para que no la suspendan, donde las vendas en las muñecas de Eric intentan ocultarse con un viaje imaginario a Miami, no es de extrañar que la mentira se vuelva algo familiar.

Aún cuando no les guste, aún cuando se esfuercen por encontrar algo sólido de lo que aferrarse, los Van der Woodsen caen en sus propias trampas una y otra vez. Eric no se sorprende demasiado cuando Serena insiste en que ha encontrado el amor verdadero y un camino para ser auténtica en Dan Humprhey y al mismo tiempo trata de ocultarle tanto sobre su pasado como le es posible. O cuando su madre asegura que no volverá al ciclo de nunca acabar y luego empieza a organizar su boda con un hombre que tiene una única expresión en el rostro pero una cuenta bancaria abultada y quien al parecer aún se cree los cuentos de hadas de Lily Van der Woodsen.

Tampoco debería sorprenderle cuando él mismo se ve envuelto en la misma red de mentiras y simulaciones. Cuando le asegura a la Dra. Miller que las cosas en casa marchan mejor que nunca, cuando delante de sus compañeros finge que las pastillas que debe tomar son medicamentos cualquiera en vez de antidepresivos, cuando pretende no ver que Serena está otra vez en problemas o al sonreírle a su madre y felicitarla por sus inminentes nupcias – de una forma y otra, él forma parte del mismo círculo vicioso. Le guste o no, está en sus genes, en el aire que ha respirado toda su vida.

Por ello es que, quizás, cuando vislumbra un destello de algo verdadero, procura aferrarse a ello, construir algo tangible a partir de aquello que no está compuesto meramente de dorados y barnices. Como su nueva camaradería con Chuck, por ejemplo.

Eric no es ingenuo, contra lo que la mayoría de la gente pueda creer. Sabe perfectamente que Chuck elige pasar tanto tiempo con él últimamente en parte porque desde que Nate ha dejado de hablarle se ha quedado bastante solo y en parte porque para él tener una familia es una novedad y el rol de hermano mayor es uno que nunca creyó que podría ocupar. Eric sabe todo esto, pero también se da cuenta que eso no significa que el interés de Chuck por cultivar su amistad sea menos sincero.

Probablemente sea la persona más manipuladora, retorcida e inescrupulosa en todo el Upper East Side (siempre y cuando Georgina Sparks y la abuela Cece estén fuera de la ciudad, claro está) y sin embargo, es también la más honesta con la que Eric haya tratado nunca. Chuck no intenta ocultar su naturaleza, no intenta barnizar la fealdad a su alrededor con una pátina dorada y una sonrisa forzada. Eric no tiene que fingir que es feliz todo el tiempo cuando está con él, no tiene que pretender que le importan los sentimientos de todo el mundo, no tiene que ocultar que él también puede ser egoísta a veces. Es un alivio poder correrse de la imagen del niño frágil pero eternamente comprensivo que su madre y su hermana le han construido, un alivio poder reírse de bromas de mal gusto y poder hacer chistes sobre las cicatrices en sus muñecas sin preocuparse porque alguien pueda sobreinterpretarlo como un signo de depresión.

Chuck no lo trata como si fuera de cristal, no lo mira como a un fenómeno de circo. Quizás es algo paternal con él a veces, quizás se toma demasiado a pecho su autoimpuesto rol de hermano mayor, pero Eric tiene que admitir que es mucho más divertido tener un hermano que una hermana, aunque nunca se lo confesará a Serena.

Claro que, como todo en este mundo, la amistad de Chuck también tiene su precio a pagar.

- Es un montaje, te das cuenta a kilómetros de distancia. ¿No viste cómo lo mira, como si viera a través de él? Y él prácticamente le pide permiso para tomarla de la mano... Te apuesto mi reloj Piaget a que no se están acostando.

Eric frunce el ceño. Están cómodamente sentados en la limusina de los Bass, tomándose sendos capuccinos de Starbucks (el de Chuck con una buena dosis de whiskey, por supuesto) y mirando a través de los vidrios polarizados cómo Blair Waldorf besa una vez más a Carter Baizen al otro lado de la calle. Hay tal grado de azúcar en las sonrisas que intercambian que Eric está convencido de que si sigue mirándolos mucho rato morirá de diabetes.

- Creí que ya no tenías ese reloj... ¿No te lo había robado Carter?

Chuck hace un gesto con su mano libre para restarle importancia.

- Era una manera de decir. Pero mira, simplemente míralos. Es lo más falso que vi en mi vida desde que Hazel se operó la nariz.

- Y que encima le quedó torcida – agrega Eric, con una risa ahogada nada magnánima. Chuck, sin embargo, no sonríe. Tiene el ceño fruncido con tanta fuerza que Eric está casi convencido que la frente le quedará así de forma permanente, y sus ojos no se despegan de la pareja en la vereda de enfrente. La mano que sostiene el café tiene los nudillos blancos y Eric espera que no termine reventando el vaso de cartón y volcándoselo encima... aunque con la concentración de Chuck tan irrevocablemente fijada en los otros dos, es probable que ni siquiera se dé cuenta al sentir el café hirviendo sobre él.

- Chuck, ¿por qué no lo dejas ya? Si seguimos acá mucho rato más Blair se va a dar cuenta y probablemente pida una orden de restricción en tu contra.

- No lo hará – le responde él con su seguridad característica - ¿No te das cuenta que esto es precisamente lo que ella busca?

- ¿Que la persigas en plan acosador psicópata?

- ¡No! Bueno, no sé – Duda un momento y por primera vez despega la vista de la pareja feliz para clavarla en Eric, quien se sorprende al ver la mirada esperanzada en los ojos castaños - ¿Crees que podría estar haciéndolo sólo para que yo la vea y me enfade? ¿Que lo hace por mí?

Eric sabe que camina sobre aguas muy pantanosas, porque Chuck Bass no será una persona muy abierta con sus sentimientos que digamos, pero habría que estar ciego y sordo para no darse cuenta de ciertas cosas.

Lo cual hace que uno se pregunte – una vez más – por el coeficiente intelectual de Nate Archibald, pero ésa es otra historia.

- ¿Tengo cara de saber qué pasa por la cabeza de Blair Waldorf?

Chuck tiene que admitir que no, probablemente porque hay veces en que ni siquiera él mismo puede saber qué hay debajo de los moños de terciopelo y las sonrisas filosas de la chica.

Al cabo de un rato, Chuck se toma de un trago lo que queda de su capuccino (probablemente helado a estas alturas) y se hunde en el asiento.

- Tienes razón, no tiene sentido seguir aquí mirándolos. No voy a poder sacar nada en limpio así.

Eric suelta un casi imperceptible suspiro de alivio... hasta que Chuck se da vuelta a mirarlo con una sonrisa decididamente macabra en el rostro.

- Pero tú sí puedes hacerlo por mí.

El chico se endereza de golpe en el asiento y casi vuelca su propio café.

- Chuck, sea lo que sea que estés pensando...

- No te preocupes, no es nada ilegal ni riesgoso físicamente – responde él con tranquilidad – Sólo quiero que los sigas y veas qué hacen cuando no está todo el mundo mirándolos.

Eric enarca una ceja, replanteándose seriamente las supuestas y engañosas ventajas de tener un nuevo hermano mayor.

- ¿Y dices que no es riesgoso físicamente? ¿Qué crees que me hará Blair cuando descubra que la estoy siguiendo?

Chuck pone los ojos en blanco.

- Blair no va a arriesgarse a romperse una uña para golpearte. Además, eres el hermano de su mejor amiga... y le caes bien.

Eric se lo queda mirando con los ojos abiertos de par en par.

- Yo no estaría tan seguro sobre...

Pero antes de que pueda decir otra palabra, Chuck le abre la puerta de la limusina y empieza a empujarlo para que salga.

- Vamos, Eric, que es un favorcito de nada. ¿Para qué están los hermanos, acaso?

La Dra. Miller suele decirle que tiene que ser más firme en sus decisiones. Que no puede seguir dejando que los demás hagan sus elecciones por él sólo porque odia las confrontaciones, que a veces uno tiene que enfrentarse a sus seres queridos para reafirmar su independencia. Que no será el fin del mundo si alguna vez le dice que no a alguien.

Mientras observa a la limusina alejarse por la ajetreada avenida, Eric se pregunta porqué sigue haciéndole despilfarrar a su madre quinientos dólares por sesión a la semana sólo para que le digan obviedades que nunca pondrá en práctica.

-

Para ser una tarde de primavera, el clima está jodidamente frío y Eric se está calando en los huesos. Tuvo que guardar la bufanda en la mochila porque era demasiado reconocible, y se levanta el cuello del saco en un vano intento por paliar el aire gélido, imitando el estilo de Chuck sin darse cuenta. Podría mandar a la mierda a Chuck e irse a su casa, donde la calefacción y un cómodo sillón lo están esperando... pero en cambio sigue caminando a unos cuantos metros detrás de Blair Waldorf y Carter Baizen, ocultando el rostro cada vez que sospecha que uno de los dos puede mirar por encima del hombro. Muy a su pesar, Eric tiene que admitir que la pareja del año está picando su curiosidad.

Caminan de la mano, acompasando sus pasos, y a primera vista lucen como cualquier otra pareja adolescente del mundo... pero hay pequeños detalles que no encajan. Por ejemplo, la distancia entre ambos. Pese a estar tomados de la mano, caminan tan lejos el uno del otro como les es posible. Por el otro lado, casi ni se miran. Blair parece estar más pendiente de las vidrieras o de saludar con entusiasmo a cualquier conocido que se crucen que de su flamante novio, y Carter no disimula demasiado cuando mira a otras chicas pasar.

Éste último detalle desconcierta a Eric cuando ve que no sólo Blair no le llama la atención a su novio por su conducta, sino que ni siquiera parece importarle. Conociendo a Blair como la conoce, y sabiendo de sobra la naturaleza asfixiante-obsesiva-paranoica de su relación con Nate, que no muestre ni una pizca de celos demuestra que está muy segura de los sentimientos de su novio... o que no le importan en absoluto.

Llegan hasta el edificio de Blair y Eric se agacha, ocultando el rostro mientras finge atarse los cordones. Los observa entrar por el rabillo del ojo y se pregunta qué hacer. Técnicamente, ya ha cumplido con Chuck. Los ha seguido, los ha observado y no ha sacado nada en limpio pero ése no es asunto suyo. Su misión aquí ya está cumplida.

Y sin embargo... Eric se conoce a sí mismo mejor de lo que la Dra. Miller cree, y sabe perfectamente que la curiosidad puede ser uno de sus peores defectos. Serena y su madre se horrorizarían al saber cuántas cosas él es capaz de enterarse con sólo detenerse a escuchar tras la puerta en el momento oportuno, y ahora que lo piensa quizás no sea tan extraño que alguna vez todo el mundo haya creído que él mismo era Gossip Girl.

Eric se pone de pie y le echa una mirada rápida al reloj. Conoce al guardia del edificio mejor que al del Hotel Palace y sabe que Dorota no será un problema. Duda, mira de nuevo al reloj. Quince minutos deberían bastar.

Se apoya contra una pared en la vereda de enfrente y por una vez lamenta no fumar, porque sería una excelente forma de matar el rato sin levantar sospechas. Mala suerte, piensa, y entonces se le ocurre sacar el celular. Es tan buena excusa como cualquier otra y como no tiene nada mejor que hacer se pone a mirar el blog de Gossip Girl. Tuerce el gesto cuando ve la interminable lista de rumores ridículos contra Blair y Jenny que parecen llenar la página, y cuando ve una entrada que compara los nuevos novios de cada una de ellas algo se retuerce en su estómago. Algo que podría muy bien ser culpa, sobre todo cuando ve la sonrisa radiante de Jenny.

Ella no se merece algo así y lo sabes, le dice la muy irritante voz de su conciencia, y en momentos así realmente le gustaría ser como Chuck y no tener una, aunque en el fondo sepa que eso no es necesariamente cierto.

Da vueltas el teléfono en su mano, sin saber qué hacer. Ver la felicidad de Jenny estos últimos días ha sido una patada al hígado, y cada vez que se la encuentra con una sonrisa de oreja a oreja Eric tiene que contenerse para no empezar a gritar.

Y sin embargo, no te atreviste a decirle nada, ¿verdad?

Realmente odia a su conciencia.

Eric Van der Woodsen no es una persona particularmente valiente. Tiene sus momentos, como todo el mundo, pero en general duda demasiado antes de actuar, pensando y volviendo a pensar cada paso, las más de las veces acobardándose antes de darlo. Las únicas veces que hizo algo drástico en su vida (decirle la verdad a Blair y a Jenny sobre su supuesto viaje a Miami, escapar del Centro Ostroff, incluso tomar la Gillette de la repisa del baño y rasurarse las muñecas) siempre fue por impulso, actuando antes de darse tiempo para echarse atrás, sin permitirse siquiera pensarlo dos veces... porque sabía que si lo hacía, nunca se atrevería.

Sus dedos buscan en el directorio del celular la letra J, y marca el número correspondiente sin detenerse a pensar en lo que va a decir. Jenny merece saber la verdad, y está harto de quedarse callado, harto de acobardarse cada vez que intenta hablar con ella. Se lo va a decir de una, como le salga, y que sea lo que Dios quiera.

Como no puede ser de otra manera, lo atiende el correo de voz. No debería sorprenderle, dada su mala suerte natural y el hecho de que casi no ha podido hablar con Jenny estas últimas semanas. Si no fuera porque tanto Dan como el señor Humphrey le aseguran que ellos tampoco casi le han visto el pelo a Jenny en días, él podría jurar que lo está evitando.

Si supiera la verdad, seguro que te evitaría.

Trata de desechar ese pensamiento y vuelve a fijar la vista en el edificio de enfrente. Ni Carter ni Blair han salido aún y Eric se pregunta si debería esperar un poco más. ¿Realmente se atreverá a llevar a cabo la idea que se le acaba de ocurrir? ¿O se echará atrás como de costumbre? Vuelve a mirar el reloj, quizás para infundirse ánimos, y siente el celular vibrar en su bolsillo. Lo saca a toda velocidad y casi lo deja caer en su prisa por abrirlo, pero al ver de quién es el mensaje lo cierra de nuevo con furia. Si será caradura...

Quizás sea por la ira repentina que lo invade, quizás porque está harto de esperar como ha hecho toda su vida a que finalmente pase algo, o tal vez simplemente porque se está muriendo de frío, pero el caso es que decide tirar toda precaución por la borda y cruza la calle.
 



Parte 2


 

Tabla 

Comments 
5th-Mar-2009 11:37 am (UTC)
me encantaaaaaaa!!!!! y es tan cierto todo lo que escribiste acerca de las mentiras de su mundo, la verdad yo creo q la mas grande de serena es que realmente no esta enamorada de dan, siempre medio senti que era blair la unica que de verdad llamaba su atencion y la relacion de blair con serena tb me es un poco....ummmmm...o sea, blair no es blair cuando esta con serena.....

Advertisement

Customize
This page was loaded Jan 1st 2010, 7:00 am GMT.